viernes, 27 de julio de 2007

LA VIDA DE RUMI





La vida y el entorno espiritual de Mevlana Yalal al-din Rumi

En las últimas décadas del siglo XX, la influencia espiritual de Mevlana Yalal al-din Rumi está siendo percibida con fuerza por personas de diferentes credos a través del mundo Occidental. Él está siendo reconocido acá en Occidente –tal como lo ha sido durante siete siglos en Medio Oriente y Asia Occidental—como una de las figuras literarias y espirituales más importantes de todos los tiempos.
Se han expuesto diferentes cualidades de Rumi, producto de una variedad de nuevas traducciones que han aparecido durante la década de los ochenta. Ha sido presentado como refinado y sensual, como sobrio y extático, como profundamente serio y extremadamente divertido, como elevadísimo y muy accesible. Es signo de su profunda universalidad el que haya sido tantas cosas para tantas personas.

La vida de Rumi
Yalal al-din Rumi nació en 1207 en Balkh en lo que hoy día es Afganistán. A temprana edad, su familia dejó Balkh por el peligro de invasión de los mongoles y se estableció en Konya, Turquía, que era entonces capital del Imperio Selyuk. Su padre Bajaudín era un gran maestro religioso por lo que asumió un puesto en la Universidad de Konya.
La primera educación espiritual de Mevlana fue bajo la tutela de su padre Bajaudín y luego bajo la del amigo cercano de su padre, Sayyid Burjanedín de Balkh. Las circunstancias bajo las cuales Sayyid toma a su cargo la educación del hijo de su amigo son interesantes: Sayyid estaba en Balkh, Afganistán, cuando a la distancia percibió la muerte de su amigo y comprendió que debía ir a Konya para asumir la educación espiritual de Yalal al-din. Llegó a Konya cuando Mevlana tenía cerca de veinticuatro años y durante nueve años lo instruyó en la “ciencia de los profetas y los estados,” comenzando con un retiro de cuarenta días estricto y siguiendo con varias disciplinas de meditación y ayuno. Durante ese tiempo Yalal también vivió cerca de cuatro años en Aleppo y Damasco estudiando con algunas de las mentes religiosas más grandes de la época.
Con el paso del tiempo, Mevlana creció en conocimiento y en conciencia de Dios. Finalmente Sayyid Burjanedín sintió que había cumplido su cometido respecto de Mevlana, y quiso vivir el resto de sus años en aislamiento. Le dijo a Mevlana:
“Ya estás preparado, hijo mío. No tienes igual en ninguna de las ramas del aprendizaje. Te has convertido en un león del conocimiento. Yo también soy un león y no es necesario que los dos estemos acá; por eso quiero marcharme. Más aún, un gran amigo vendrá a ti y serán cada uno el espejo del otro. Él te guiará hacia las partes más profundas del mundo espiritual, y tú lo guiarás a él. Cada uno de ustedes complementará al otro, y serán los mejores amigos del mundo entero.”
Y así fue como Sayyid anunció la llegada de Shams de Tabriz, el evento central de la vida de Rumi.
A la edad de treinta y siete años, Mevlana conoció al errante espiritual llamado Shams. Mucho se ha escrito ya acerca de su relación. Antes de este encuentro, Rumi había sido un profesor de religión eminente y un místico elevado; luego de él, se convirtió en un poeta inspirado y gran amante de la humanidad. El encuentro de Rumi con Shams puede compararse con el encuentro de Abraham con Melquisedec. La siguiente explicación se la debo a Murat Yagan: “Un Melquisedec y un Shams son mensajeros de la Fuente. No hacen nada por sí mismos, sino que traen iluminación a alguien que puede recibirla, alguien que está muy completo o muy vacío. Mevlana era uno que estaba muy completo. Luego de recibirla pudo aplicar este mensaje para beneficio de la humanidad.”
Shams estaba ardiendo y Mevlana se incendió. La asociación de Shams con Rumi fue breve. A pesar del hecho de que cada uno era un espejo perfecto para el otro, Shams desapareció no una, sino dos veces. La primera vez, Sultán Veled, uno de los hijos de Rumi, lo buscó y lo encontré en Damasco. La segunda desaparición, sin embargo, resultó ser la última y se piensa que Shams puede haber sido asesinado por personas resentidas por su influencia sobre Mevlana.
Rumi era un hombre de conocimiento y santidad antes de conocer a Shams, pero sólo después de la alquimia de su relación con él, fue capaz de cumplir la profecía de Sayyid Burjanedín en el sentido de que él “ahogaría las almas de los hombres en una vida nueva y en la abundancia inconmensurable de Dios… y traería de nuevo a la vida a los muertos de este falso mundo aportando… significado y amor.”
Durante los diez años posteriores a conocer a Shams, Mevlana había estado componiendo espontáneamente odas, o gazales, las que habían sido coleccionadas en un gran volumen llamado Diván-i Kabir. Mientras tanto, Mevlana había desarrollado una amistad espiritual profunda con Husamedín Chelebi. Ambos paseaban un día por los viñedos de Meran, en las afueras de Konya, cuando Husamedín le explicó a Mevlana una idea que tenía: “Si escribieras un libro como el Ilahiname de Sanaí, o como el Mantiq’iut-Tayr’i de Faridudín Attar, este se convertiría en la compañía de muchos trovadores. Ellos llenarían sus corazones con tu trabajo y compondrían música para acompañarlo.”
Mevlana sonrió y extrajo del interior de los pliegues de su turbante un trozo de papel en el que tenía escrito las dieciocho líneas iniciales del Masnavi, comenzando con:
Escucha la flauta de caña y la historia que cuenta,
como canta acerca de la separación…
Husamedín lloró de alegría y le rogó a Mevlana que escribiera más volúmenes. Mevlana respondió, “Chelebi, si tú consientes en escribir para mi, yo recitaré.” Y así fue como Mevlana, en los inicios de sus cincuenta años, comenzó el dictado de su obra monumental. Según la descripción que hace Husamedín del proceso: “Él nunca tomó una pluma en su mano mientras componía el Masnavi. Dondequiera que estuviese, ya sea en la escuela, en los baños termales del Ilgin, en los baños de Konya, o en los viñedos de Meran, yo escribía lo que él recitaba. A menudo apenas podía seguirle el paso, a veces día y noche durante varios días. Otras veces no componía durante meses, y una vez estuvo dos años sin producir nada. Al término de cada libro, yo se lo leía de vuelta, de modo que pudiera corregir lo que había escrito.”
El Masnavi puede ser considerado con justicia la más grande obra maestra espiritual jamás escrita por un ser humano. Su contenido incluye el espectro completo de la vida en la tierra; todo tipo de actividad humana: religiosa, cultural, política, sexual, casera; cada tipo de carácter humano desde el vulgar hasta el refinado, así como detalles copiosos y específicos del mundo natural, historia y geografía. Es también un libro que presenta la dimensión vertical de la vida –a partir de este mundo terrenal de deseo, trabajo y cosas, hasta el nivel más sublime de la metafísica y conciencia cósmica. Es su integridad la que nos encanta.

Su entorno espiritual
¿Qué es lo que necesitamos saber para recibir el conocimiento que Rumi nos ofrece?
Antes que nada, debemos entender que la tradición de Rumi no es una tradición “oriental.” No es no de Oriente ni de Occidente, sino que algo intermedio. La lengua materna de Rumi era el persa, un idioma indoeuropeo fuertemente influido por el vocabulario semítico (arábigo), algo así como francés con un chapuceo de hebreo.
Más aún, la tradición islámica que formó a Rumi sostiene que hay sólo una religión, la que ha sido dada a la humanidad a través de innumerables profetas, o mensajeros, quienes han traído este conocimiento del Espíritu para todas las personas. Dios es la Fuente sutil de toda la vida, cuya esencia no puede ser descrita ni comparada con nada, pero que puede ser conocida mediante las cualidades espirituales que se manifiestan en el mundo y en el corazón humano. Es una tradición profundamente mística por un lado, pero con un énfasis fuerte y claro en la dignidad humana y en la justicia social, por el otro.
El Islam es entendido como una continuación de la tradición judeocristiana o abrahámica, que honra a los profetas hebreos, así como también a Jesús y María. Los musulmanes, sin embargo, son muy sensibles al tema de aludir divinidad a un ser humano, aspecto que ellos ven como el error primario del cristianismo. Aunque en el Qur’an, Jesús es llamado “el Espíritu de Dios,” se consideraría una blasfemia identificar a cualquier ser humano en forma exclusiva con Dios. Muhammad es visto como el último de los profetas humanos que trajo el mensaje del amor de Dios.
En la época de Rumi, la forma islámica de vida había generado un alto nivel de conciencia espiritual entre la población en general. La persona típica o promedio era alguien que realizaba abluciones y oraciones en forma regular cinco veces al día, ayunaba de comida y bebida durante las horas de sol un mes al año por lo menos, y seguía estrictamente un código de comportamiento que enfatizaba la remembranza continua de Dios, la intención, la integridad, la generosidad y el respeto por toda vida. Aunque el Masnavi puede atraernos en muchos niveles, requiere de un nivel relativamente alto de conciencia espiritual como punto de partida, y se extiende a los más altos niveles de comprensión espiritual.
El estado humano no iluminado es uno de “falta de fe,” en el cual el individuo vive esclavo del falso yo y de los deseos del mundo material. Las prácticas espirituales que Rumi había conocido están dirigidas a transformar la compulsividad del falso yo y a alcanzar el Islam o “sumisión, entrega,” a un orden superior de la realidad. Si esta Entrega, el yo real está esclavizado al ego y vive en un estado de conflicto interno debido a los impulsos contrapuestos del mismo. El ego esclavizado está desconectado del corazón, órgano de percepción principal de la realidad, y no puede recibir la guía espiritual y nutrición que éste provee.
La superación de esta esclavitud y de esta falsa separación lleva a la realización y al desarrollo de nuestra verdadera humanidad. La madurez espiritual consiste en comprender que el yo es un reflejo de lo Divino. Dios es el Amado o el Amigo, la identidad transpersonal. El amor a Dios lleva al amante a olvidarse de sí mismo, a perderse en el amor de su Amado.

Rumi: Amanecer. Publicado por Editorial Cuarto Propio
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