viernes, 29 de junio de 2007

EL PAPEL DE LA TRADICIÓN



EL PAPEL DE LA TRADICIÓN

Entrevista con LEX HIXON



Se podría comparar el núcleo esotérico de una religión con un combustible muy puro, alto en octano. Si se pone en un Volkswagen viejo, el carro andará como un bólido por una milla antes de volar en pedazos. Si vamos a tener un camino espiritual para nuestra cultura, necesita tener niveles que reconozcan dónde estamos, y nos abran en etapas que gradualmente nos muevan hacia arriba.

Jacob Needleman "En el espíritu de la filosofía" Revista Espíritu Libre,
invierno-primavera, 1989-1990.

Lex Hixon vive con Sheila, su esposa de veinticinco años, en una hermosa casa vieja de madera, cerca de la sección histórica de Wave Hill en Riverdale, Nueva York, no muy lejos del final de la línea de tren Broadway IRT. La casa descansa sobre un leve promontorio y tiene vista al Río Hudson, la ventana de la sala está rodeada por una enorme enredadera casi tan vieja como la casa, que data de los principios de este siglo y que, conforme me acercaba, parecía bañada de misterio. Dado que era mediados de enero, la enredadera no estaba en flor, pero mostraba muchas vainas de formas curiosas y con una piel que, según dijo Sheila, tiene la textura del terciopelo. Sentado en su estudio, Hixon se veía casualmente resplandeciente en pijama de franela color azul claro, un suéter blanco, y sandalias Birkenstock, su gran cabeza enmarcada por una melena de cabello blanco. Durante el curso de nuestra entrevista, con la estación de tren Metro-North y el Río Hudson visible en la distancia, más abajo, la luz del día lentamente disminuyó hasta el ocaso y finalmente vimos la oscuridad afuera.

Hixon practica el Islam, la religión establecida en el desierto de Arabia en el siglo por el Profeta Muhammed, y seguida actualmente por cerca de un billón de musulmanes en todo el mundo. La mayoría de ellos localizados en el Medio Oriente, India y el Sudeste de Asia. Pero hay varios millones de musulmanes en los Estados Unidos y de ellos, que cierto número, pertenecen a órdenes Sufis, como es el caso de Hixon. El Sufismo es una clasificación del Islam que en ocasiones se dice que enfatiza la expresión mística y que a menudo se ha alejado de las prácticas musulmanas ortodoxas, especialmente en Occidente. A Hixon no le gusta mucho la etiqueta mística aplicada a los Sufis, ya que siente que el Islam es por sí mismo suficientemente místico; y él se considera a sí mismo un musulmán ortodoxo. De hecho, él es un Sheik o líder espiritual, quien preside mezquitas en la Ciudad de México, Manhattan (Nueva York) y Newark (Nueva Jersey) —un logro poco común para un hombre nacido hace cincuenta años en Los Angeles, de padres de denominación Episcopal.

Entre las creencias claves del Sufismo está la reverencia por todas las grandes religiones del mundo. A diferencia de muchos de sus hermanos musulmanes más ortodoxos y hasta fundamentalistas, los Sufis reconocen que el Islam es sólo uno de los caminos hacia Dios que pueden seguir hombres y mujeres. Y por ello no es una contradicción que Lex Hixon sea también un cristiano, un miembro de buena reputación de la Iglesia Ortodoxa Oriental. La práctica de múltiples formatos religiosos también armoniza con la filosofía Vedanta, una clase de rama universalista del Hinduismo que enseña que todas las religiones son válidas y valiosas, y que Hixon abraza. Ningún buen practicante de Vedanta tendría problemas con el hecho de que, además de esas tres tradiciones espirituales, Hixon es practicante de la meditación de la Orden Gelugpa del Budismo Tibetano.

La mayoría de los maestros de Hixon en las cuatro disciplinas sienten que este enfoque multisectorial hacia la devoción es, en su mejor expresión, algo lleno de peligro, pero él aborda la situación con lo que Da Kalki podría llamar, "humor Divino". Cuando le pregunté, por ejemplo, cuánto tiempo dedica a cada tradición en un día cualquiera, Hixon respondió que es como un recolector migrante. "Cuando es temporada de fresas, predominantemente estoy recogiendo fresas, y cuando las uvas están en temporada, cosecho principalmente uvas. Por ejemplo, ahora mismo resulta que están coincidiendo la Cuaresma y el Ramadán, y estarán coincidiendo durante los próximos años, lo que me provoca un gran dolor de cabeza desde la perspectiva del itinerario." Él aceptó que si mantener un linaje religioso se definiera sólo por sus prácticas externas, él estaría en problemas, porque "no hay forma de hacer todas las prácticas todo el tiempo en su máxima plenitud. Pero si mantener un linaje tiene que ver con un espíritu interior, un conocimiento interno, entonces son compatibles. Es como decir que puedes hablar francés, chino, alemán y hebreo, y entonces alguien pregunta, '¿Puedes hablarlos todos al mismo tiempo, todos los días?' Claro que no, pero sí puedes saberlos simultáneamente y ser enriquecido por ellos sin ponerlos uno contra otro. Podrías decir que la mía es una teoría general de la relatividad para las religiones."

Si bien un enfoque tal tiene sus dificultades peculiares, para Hixon representa un tipo de "experimento", un intento de ver qué pasa cuando uno mantiene su conciencia en tradiciones distintas, cada una de las cuales ha sido ampliamente aceptada a lo largo de varios siglos. Si el experimento va a generar información espiritualmente valiosa —él no ha llegado a ninguna conclusión aún— es menos importante que el hecho de que lo mantiene activamente involucrado en el diálogo interdisciplinario, un rasgo esencial del paisaje religioso americano. Y entonces, aunque Hixon pueda no ser "típico" en sentido sociológico, él está en una posición aventajada no sólo para reportar de primera mano sobre el curso de cuatro ríos principales de la fe, sino también para evaluar el papel de la religión en la sociedad americana en general. Además de sus cuatro prácticas, él tiene un doctorado en religiones comparadas de la Universidad Columbia, y está dotado de una mente brillante que se evidencia en la forma en que intercala ideas de una religión con otra sin ningún esfuerzo. Hixon asemeja su propio papel al de los intérpretes de Naciones Unidas. "Podemos tener las Naciones Unidas sólo gracias a gente que sabe cómo traducir entre los distintos idiomas. Apenas estamos empezando a saber cómo traducir entre, digamos, el Islam y el Cristianismo, y esa es una de las cosas en las que estoy trabajando."

Hixon hizo mucha traducción en su primer libro, Llegando a casa: La experiencia de la Iluminación en las Tradiciones Sagradas, un panorama fascinante, aunque en ocasiones arcano, de pensadores espirituales desde Heidegger y Krishnamurti a Plotino, San Pablo e Israel Ba'al Shem Tov, el fundador del movimiento Hasídico del Judaísmo. Cuando leí por primera vez Llegando a casa, estaba buscando a alguien que pudiera explicar e interpretar la experiencia islámica, y comencé a pensar que Hixon era un candidato importante. Él estuvo de acuerdo en que lo entrevistara y en hablar abiertamente sobre los Musulmanes Negros, el fundamentalismo Islámico, el Ayatollah y Salman Rushdie, entre otras cosas. Me preparé leyendo su segundo libro, El corazón del Corán, una serie de meditaciones sobre algunos de los versos del libro sagrado del Islam, pero tuve dificultades para relacionarme con él. Aunque el Corán está permeado con un tono de amor y reverencia que evoca al Cristianismo en su punto más devocional, también suministra algo de esa sinuosidad del Viejo Testamento que, en ocasiones, puede cansar tanto. Hixon más adelante me aseguró que yo al menos me había quedado con lo básico, ya que el Islam, a menudo considerado equivocadamente como una religión Oriental, procede directamente del Judaísmo y el Cristianismo, y se contempla a sí misma como la joya final en esta corona triple de la tradición religiosa Occidental.

Entonces, cuando me encontré con Hixon en su hogar en Riverdale, yo estaba ansioso por obtener su visión del Islam, pero las cosas no eran tan simples. Antes de que siquiera pudiéramos comenzar, yo tuve un problema con la grabadora de cintas que resultó ser ridículamente elemental. En mi confusión, mientras probaba con los varios cables y enchufes, para darme finalmente cuenta de lo que había hecho mal, yo expliqué el problema a Lex, pero él lo descartó. "Esa es una buena señal —dijo—, significa que estamos al borde de algún tipo de misterio."

Lo que era misterioso para mí era que, a pesar de mis mejores esfuerzos para lograr que Hixon hablara de su evolución espiritual en términos biográficos —sus impulsos religiosos más tempranos, sus primeros maestros, y cosas así— él insistió en hablar sólo en términos generales. Mientras conversábamos, yo estaba consciente de que la discusión no estaba yendo para nada en la forma en que yo lo había planeado, sin embargo, yo tenía una vaga sensación (que suprimí en mi ansiedad de obtener su historia) de que las cosas que estaba diciendo podrían tener un valor más profundo que cualquier recuento biográfico. No fue sino hasta el momento en que escuché las cintas al día siguiente que me di cuenta que me había dado un comentario muy rico sobre el lugar de la práctica religiosa en la cultura actual. Él comenzó respondiendo a mi afirmación de que mi libro se enfocaría en el papel de la espiritualidad en la vida diaria, más que en la experiencia monástica o esotérica.

"Si nos vamos hacia atrás hasta cincuenta o cien años —dijo Hixon—, veremos que lo que conocemos como las tradiciones espirituales, de las cuales nosotros como intelectuales modernos nos hemos alejado un poco, son el mundo. Estas tradiciones espirituales no son sólo los pisos de los valores a través de los que la gente opera en sus vidas —cosas que rodean el nacimiento, la muerte, el matrimonio, la vida— sino también, en una forma más sutil, son el material y la substancia misma de nuestra conceptualidad. Esto incluso incluye la manera en que percibimos físicamente, la forma en que miramos un día bello o una persona bella. Así, la experiencia humana está vinculada íntimamente con la noción de una tradición espiritual y una visión espiritual. No es únicamente algo que una cultura pueda escoger o no. La gente moderna ha experimentado con un enfoque secular que dice: 'Con la ciencia y la ley, podemos construir nuestro mundo.' Pero yo creo que esto visto desde el punto de vista del ser humano maduro fue una aberración, como decir que ya no necesitamos del arte. La religión, o la búsqueda espiritual, es la sustancia misma de nuestra humanidad, y no hay forma de distanciarnos de eso. Si lo rechazamos completamente, entonces llegan las pseudoreligiones."

Como se sugirió previamente, esas pseudoreligiones pueden incluir cultos políticos o sociales yendo desde el Maoísmo hasta el Ku Klux Klan. "Pero así como el arte necesita de la crítica —continúa Hixon— la espiritualidad necesita de su propia forma de crítica para mantenerla honesta y auténtica. Si no tenemos una visión suficientemente crítica de la religión, entonces obtenemos el fundamentalismo, la charlatanería, y varias formas de distorsión. Entonces, no hay una forma en que nos podamos relajar como seres humanos. Siempre es un asunto de vigilancia y de esfuerzos constantes para recordarnos a nosotros mismos."

Como un ejemplo, Hixon mencionó la práctica Islámica de rezar cinco veces al día, que el Profeta Muhammed tomó prestado y expandió del Oficio diario de los monjes Cristianos a los que se encontró en el desierto Árabe. Estos pueden ser, dijo Hixon, "deslumbres muy breves de oración. No tienen que durar más de diez minutos, aunque pueden ser elaborados por la gente que quiera pasar más tiempo en ello. Pero que estos cinco brotes de oración formal ocurran cada día tiene un tremendo poder de recordar a la gente que nunca se puede tomar vacaciones de la vigilancia, del compromiso a los valores más altos. Así que el Islam está muy fuertemente integrado a la vida diaria, a la vida familiar, a la vida de la responsabilidad social. Pero no es superior a cualquiera de las otras nobles tradiciones, las que tienen métodos y configuraciones diferentes. Y tampoco se llama a sí mismo superior. El Corán afirma que han llegado profetas a todas las naciones, trayendo esencialmente el mismo mensaje: Voltea tu vida limitada en la dirección de la Fuente ilimitada de la Vida, y sométete a ella. Eso es a lo que me refiero con la vigilancia humana, que no es sólo un lujo para unas cuantas personas que están especialmente dotadas, sino que es el material y la substancia misma de nuestro mundo. Los Budistas llaman a esto el estadío de la mente completa, o la atención."

Como Hixon lo ve, a los occidentales les gustaría practicar este tipo de atención sin tener una gran superestructura religiosa y las tradiciones y escrituras y ceremonias que la acompañan. Pero, insiste, no puedes llegar a tener una espiritualidad sin las tradiciones más de lo que podrías tener una conciencia ordinaria "sin todas las neuronas en tu cerebro funcionando, sin todas las sinapsis en tu sistema nervioso, sin todos los complicados órganos de tu cuerpo." La conciencia espiritual es la fuente de nuestros valores, es "el oído interno que nos mantiene equilibrados mientras caminamos a lo largo de la vida, sea que estemos recorriendo Wall Street o las selvas de Vietnam. Este sentido del equilibrio, este oído interno de la conciencia espiritual, se apoya sobre un cuerpo entero, complejo y orgánico, de doctrina, práctica, liderazgo espiritual y estudio espiritual."

Visto desde el punto de vista de Hixon, tanto los humanistas seculares como los fundamentalistas religiosos se están escondiendo detrás de la misma falacia. La idea de que podemos prescindir de la religión es tan naïve para él como la noción de que la religión tradicional debe estar en el asiento del conductor, controlando la sociedad en todo momento. Además, la "función de autocrítica" construida dentro de las religiones, que previene del abuso del poder espiritual, debe estar complementado por nuestro propio sentido interno de la verdad que nos alertará cuando algo parezca estar yendo hacia el lado equivocado. "Ultimadamente, la verdad espiritual de cualquier maestro o tradición debe ser corroborada con nuestros propios mecanismos internos —dijo—, tales como la conciencia y compasión por otros y ciertas sensibilidades preciosas que nos han sido dadas." Surgen peligros cuando determinados maestros espirituales o comunidades religiosas inmaduros dicen que no debemos confiar en nosotros mismos porque somos pecaminosos o porque no hemos desarrollado la sensibilidad particular que ellos recomiendan. Debemos defender nuestra propia integridad, permaneciendo conscientes de que en ocasiones también podemos engañarnos a nosotros mismos. "Uno también tiene pensamientos o impulsos engañosos —añade Hixon—. Cuando se está integrado en una tradición religiosa que es funcional y benigna, uno debe estar dispuesto a renunciar a esas nociones engañosas y no sólo decir: ‘Ésta es la forma en que yo lo veo.’ ‘Ésta es mi integridad, así es que yo lo debo hacer de ésta forma.’ Debe haber un sutil balance, un tipo distinto de facultad crítica empleada en cada instancia."

"Sutil" ciertamente es la palabra para eso. Pero tan finas como son algunas de las distinciones de Hixon, equilibradas y contraequilibradas como las planchas de acero y las moras de un móvil de Calder, son también autoevidentes y esenciales. Para mi mente, ellas representan los difíciles tipos de cosas que deben decirse con sencillez en la arena del tumulto espiritual; en algún lugar entre el extremo intimidatorio de los fundamentalistas y la vaguedad alegre, no sólo del New Age, sino también del común de las iglesias que son altamente acomodaticias y que en demasiadas ocasiones modifican sus directrices espirituales para adaptarse a un público de personas recientemente religiosas que pretenden atraer. Los comentarios de Hixon también me recuerdan algo que había leído en una entrevista en el ejemplar de Invierno de 1989-1990 de Free Spirit con el estudioso Judío Jacob Needleman sobre pegarle al equilibrio entre las prácticas esotéricas y exotéricas de la religión. "Las creencias del Cristianismo, del Judaísmo y del Islam proveen a la gente con preceptos morales —dice Needleman—, con formas de vida diseñadas para ser obedecidas por las masas." Estas prácticas exotéricas religiosas están destinadas a "dar equilibrio y estabilidad a nuestra experiencia," no a "transformarnos, a darnos nirvana o la realización de Dios." Él reconoce que las disciplinas esotéricas existen dentro de la corriente principal de las religiones Occidentales, pero que, como muchos maestros han dicho, "el trabajo esotérico es sólo para aquellos que han pasado por lo exotérico y han logrado el necesario equilibrio." Lo que está llegando actualmente al Occidente, concluye Needleman, es "mucha información sobre la práctica interna, disponible para personas que no han tenido realmente una práctica externa."

Yo le pregunté a Hixon sobre sus ideas respecto a la cuidadosa distinción que hace Needleman entre las prácticas internas y externas. "Yo no creo que sea útil hablar de las dimensiones opuestas de un fenómeno —dijo, aparentemente desviando la pregunta—. Tomemos, por ejemplo, el lado izquierdo del cerebro y el lado derecho. Estoy seguro que hay una base biológica para el hecho de que tenemos modos muy sutiles y complejos de pensar y que algunos de ellos, en unas ocasiones, parecen originarse de uno de los lados del cerebro, y en otras, del otro lado del cerebro. Pero si empezamos a pensar que somos cerebros de dos lados, estamos de hecho volviéndonos un poco locos a nosotros mismos. Debemos sentir que somos seres integrados, no que los impulsos vienen de lugares diferentes, porque finalmente vienen del mismo núcleo y raíz de nuestro ser. Similarmente, en la religión, es equivocado separar lo exotérico y lo esotérico, o las disciplinas diarias de las enseñanzas místicas ocultas. Eso es separar algo que no se puede separar."

¿Pero acaso no es un hecho, pensé en voz alta, que los aspectos místicos de las religiones de la corriente principal están divorciados de las leyes diarias y las prácticas por las instituciones mismas? El Cristianismo, por ejemplo, tiene una tradición larga de meditación, desde los primeros Padres del Desierto hasta los contemplativos del siglo XX como Thomas Merton y Basil Pennington, pero esta tradición no se enseña en escuelas parroquiales o se predica en el púlpito.

"Hay un problema con eso —respondió Hixon—, por ejemplo la comunión es una práctica del Cristianismo intensamente mística. De hecho, es más mística que la meditación. La gente de alguna manera se ha olvidado que la comunión es un nivel de misticismo aún más avanzado que muchas formas de yoga o Zen en otras culturas. En el Islam tenemos un problema similar donde la gente ocasionalmente piensa que las oraciones que se practican cinco veces al día son sólo para principiantes, mientras que bajo la guía avanzada Sufi puedes estar repitiendo algunos de los nombres divinos de Allah con cada aliento, y puedes estar moviéndote y respirando en ciertas formas. Pero el hecho es que las oraciones del Islam en sí mismas son movimiento, son respiración, son cantar los nombres divinos, y tienen acceso a los niveles más radicales de la religión."

Cuando una cultura sutilmente desacraliza o demitifica ciertas áreas de la religión, posiblemente en un esfuerzo para controlarla mejor, entonces las dimensiones diarias de la religión, que Hixon llamó "la práctica mística más radical," de alguna manera se "oscurece y esconde. Y entonces, la gente comienza a verla como institucionalizada o, quizás, institucionalizable." Pero dado que todo el mundo es completamente diferente en la expresión de sus creencias, Hixon argumenta, la repetición mecánica corre en sentido contrario a la sensibilidad espiritual. "Ibn al-Arabi, el gran místico de Andalucía en el siglo doce —dijo— enseñó muy claramente que Allah o Dios recrea el universo cada fracción de segundo, y nunca lo crea de la misma manera dos veces. Este tipo de atención elevada requiere de un gran esfuerzo para sostenerla. Algunas veces las culturas, así como los individuos, pierden el coraje y no están dispuestos a intentar sostenerla, y por lo tanto, para propósitos institucionales, ellos pueden tratar de encubrir la radicalidad de la religión."

Profundizando en este problema, Hixon objeta a que el término "misticismo" se use sólo para ciertas dimensiones especializadas de una tradición religiosa. Un creyente que no sabe nada de ejercicios meditativos especiales puede no obstante ser un místico radical por virtud de su sola fe en Dios. "Un budista —prosiguió—, que no tiene la misma estructura de un Dios creador como en el caso de los cristianos o los musulmanes, está igualmente convencido de que el estado de la total iluminación es posible y verdaderamente inevitable para todo ser viviente, una vez dada su suficiente evolución. Y él está viendo el potencial del estadío de Buda incluso en un gato o un mosquito. Esto es tan místico como quisieras llegar a ser. De hecho, la vida humana misma es mística más allá de toda imaginación. ¿Cómo puedes, sentado ahí ahora mismo, sólo con tus ojos y oídos, estar en tal estado, tan completo de comprensión de todas estas cosas que yo estoy pensando y que se están emitiendo por mi boca como sonidos? Esto es extraordinario más allá de cualquier tipo de análisis. Pero damos como un presupuesto la conversación diaria, olvidándonos que quizás el hecho de que dos seres humanos se estén comunicando entre ellos es un sacramento. Así es que la sacramentalidad de la vida diaria también se oscurece, no sólo por nuestras culturas o instituciones sino, francamente, por nosotros mismos, por una pereza personal y un egocentrismo que quiere tener un patrón de vida habitual en el que nos podamos sentir cómodos."

La religión, como el arte, es un medio que utiliza el ser humano para reestimular su sentido de lo extraordinario en la experiencia cotidiana, razona Hixon. Por tanto, su renuencia a separar lo místico de lo mundano. Entre otras cosas, la religión es la fuente de nuestro compromiso con la justicia, nuestro sentido de la belleza, y nuestro sentido de que otro ser humano es mucho más que una simple masa de carne. Hasta el entendimiento más secular de la humanidad, de la santidad o de la vida, es en sí mismo un sentimiento religioso. "No podemos depender necesariamente de una tradición religiosa fuera de nosotros para llegar y cultivar estas sensibilidades especiales —dijo Hixon—. Debemos tomar la responsabilidad nosotros mismos. Pero las tradiciones religiosas son nuestras más importantes amigas, y fungen como apoyo en estos esfuerzos."

El equilibrio entre la práctica personal y la participación comunitaria dentro de una tradición dada también puede ser difícil de mantener. El énfasis en la meditación y la unión mística, descrita en muchos de los libros con los que me he cruzado en librerías religiosas, da la impresión de que pertenecer a una comunidad de creyentes es en ocasiones secundario comparativamente a desarrollar una vida interna mística —una noción que Hixon rechaza categóricamente. "La religión no se trata principalmente de las doctrinas —dijo—. Es sobre vivir en comunidades religiosas. No sobre la práctica privada, para nada. La privacidad es una suerte de concepto moderno del individuo alienado y aislado. Esto no significa que uno no tiene los recintos de su propio corazón a los cuales retirarse en toda tradición. Pero resolver alguna clase de entendimiento privado sobre nuestra propia religión, que uno inventa por sí mismo y que quizás atrae a algunas personas, no es la forma en que la historia de la religión se ha desarrollado. Esos progresos periféricos siempre han ocurrido, pero las fuerzas principales dentro de las religiones han sido comunidades vibrantes, ricas en profundidad, y no simplemente gente circundando alrededor de un individuo carismático."

Aunque muchas de las grandes tradiciones del mundo sí se originaron alrededor de individuos carismáticos —Moisés, Buda, Cristo, Muhammed— Hixon se refiere al largo y vital proceso del desarrollo, crecimiento, y autorregulación por el que todas estas tradiciones pasaron. Por esto siente que la corriente llamada New Age —un agregado indefinido de grupos religiosos y psicológicos que exploraré más adelante— está equivocado en su cabeza por su énfasis en el crecimiento espiritual acelerado con un modesto nivel de compromiso. "El desarrollo espiritual sí toma un mínimo de diez o quince años —dijo—. No necesariamente tienes que estar viviendo en una cueva o lavando los pies de un guru. Puedes estar yendo a misa cada domingo, o a la mezquita cada viernes, pero sí toma varios años alcanzar algún tipo de madurez. Pregúntale a un concertista de piano o a un bailarín. Es obvio que practicando veinte minutos al día no te puedes convertir en Nureyev."

Algunas de las religiones que han surgido en los últimos cincuenta años más o menos, como Eckankar, que se llama a sí misma una "religión New Age", proponen la idea de que veinte o treinta minutos al día de contemplación es una base sólida para el crecimiento espiritual (aunque Eckankar sí sugiere otros ejercicios espirituales). "Esto es lo que clasifica a Eckankar como parte de la mentalidad New Age —dijo Hixon—, y por lo tanto, por lo que a mí refiere, no como una parte de las tradiciones espirituales completamente auténticas. La gente del New Age va a tener que volver a renovarse en las raíces de la tradición una y otra vez. La gente se dará cuenta que no puedes existir en un moderno modo no ritual, no ceremonial, sino que tienes que tener una vida sacramental, tal como el matrimonio está regresando, y la gente quiere escuchar cantos y lecturas de las Escrituras. Esa atmósfera sacramental es tan necesaria al alma humana como el oxígeno es necesario al organismo humano."

Yo me pregunto sobre su comparación. El resurgimiento del interés en las tradiciones sociales del matrimonio y la monogamia pueden representar algún tipo de reacción contra los días libertinos de la Revolución Sexual, y sus insatisfacciones acompañantes. Pero más que señalar un regreso a la religión, el nuevo enfoque del matrimonio es más probablemente sólo un movimiento de regreso del péndulo, adquiriendo momentum por el creciente temor al SIDA tanto como por cualquier otra cosa, y es propenso a ser seguido en el tiempo por un movimiento de regreso al otro lado. Yo argumentaría, en cambio, que la búsqueda de una base espiritual para la vida es constante y creciente, y no necesariamente responde a sucesos en la curva de la moda social —que no quiere decir que el creciente interés en las religiones tanto tradicionales como del New Age no esté conectado a esta constante búsqueda humana. Como Hixon mismo admitió al concluir sus ideas sobre caminos menos tradicionales hacia Dios: "Algo de ayuda maravillosa puede llegar de todas las diferentes áreas, porque la persona religiosa cree que todo está llegando a través de la voluntad de Dios, que todo porta la presencia divina. Si alguien te golpea en la calle, o si alguien se acerca a ayudarte cuando lo necesitas, ambas cosas llegan de Dios como enseñanzas. 'Donde sea que dos o tres se reúnen en mi nombre, Yo estoy ahí', dijo Jesús en los Evangelios. Pero también dijo, 'No todo el que me llama, Señor, Señor, entrará al Reino del Cielo.' Debes equilibrar esas cosas. Cristo está presente en todo lugar, incluso donde puedan estar las sectas más rebeldes de cristianos. Pero pueden estar gritando, 'Señor, Señor,' y no los reconocerá en el día del Reino."

Estaba casi oscuro a la hora en que Hixon terminó con su preámbulo. "Ese fue un largo monólogo —dijo—. "Y eso es todo lo que tengo que decir respecto a todo esto." Por supuesto, no era realmente todo. Recorrimos una larga lista de temas esa noche, incluyendo, finalmente, sus antecedentes personales y su experiencia del Islam. Continuamos el diálogo en su mezquita algunas semanas más tarde, y nuevamente por teléfono. En retrospectiva, el proceso de entrevistarlo parecía replicar en alguna forma microscópica la dificultad que los extraños enfrentan cuando se exponen a cualquier gran religión con la que no están familiarizados. Los maestros espirituales pueden parecer evasivos, contradictorios, mistificantes a propósito, incluso vagamente amenazantes. Hixon era todo eso en mi primer encuentro con él. Pero también pueden ser generosos, bondadosos, misericordiosos e iluminadores, y Hixon era todo eso también.

Dejé su casa esa noche sintiéndome confundido e irritado, pero en los meses que siguieron, cuanto más reflexioné sobre sus palabras, más aprecié la perspectiva que me dieron. Él tenía una manera de mezclar lo esotérico con la vida cotidiana que era paralela a lo que yo estaba buscando hacer. Y encuentro que la visión de Hixon es de particular valor precisamente porque va en contra de la veta de la actitud común en América hacia la religión, y corta los extremos de la ideología espiritual que representa el humanismo secular ateo en un extremo del espectro y el Cristianismo fundamentalista en el otro extremo.

“El papel de la tradición”,
en el libroThrough the Labyrinth de Peter Ochiogrosso



--------------------------------------------------------------------------------

¿Qué es el corazón? para el sufismo • Las Columnas del edificio espiritual
Publicar un comentario